jueves, 9 de diciembre de 2010

LA RELACIÓN ENTRE PADRE E HIJO EN LA INFANCIA

En la actualidad, el papel del padre en la vida de los niños se reconoce como un elemento fundamental que tiene influencia casi en cualquier área de la vida del niño. El tiempo de convivencia del padre con sus hijos es menor por diferentes circunstancias, tanto si esta relación se da en familia o divorciado. La calidad de tiempo y la comunicación efectiva, son medios que permiten tener una mejor relación entre los niños y su padre.
El secreto reside pues, en aprender a desarrollar tiempo de calidad:

En el estereotipo de familia, el papel del padre ha sido el de proveedor. En la época actual muchos de estos estereotipos han cambiado, e incluso se han invertido. Lo que comúnmente se vive en términos prácticos para ambos padres, es que el tiempo de interacción con sus hijos es menor, y en el caso del padre, puede limitarse incluso a los fines de semana, por lo tanto es importante definir, que la calidad de tiempo tiene más relevancia, que la cantidad del tiempo empleado en la relación con nuestros hijos.
Lo importante es tomar conciencia de esta situación para dirigir nuestra atención a mejorar la calidad de tiempo que pasamos con ellos, algunas sugerencias que ayudan a ello, serian:
• Apagando el televisor, ordenador o video juegos que inhiben la interacción.
• Evitar salidas recurrentes a lugares que demanden silencio como ir a cine o un concierto.
• Incrementar actividades físicas, con cooperación como jugar al fútbol en un parque o hacer castillos de arena en la playa.
• Ir de compras para adquirir objetos de necesidad para ellos como zapatos o prendas de vestir.
• Interactuar con juegos de mesa como juegos de tableros o de cartas para niños.
• Tener un día de paseo especial como ir al parque que tanto le gusta, al zoo, a la playa,…
• Hacer actividades que se conviertan en una rutina, como ir a comprar el pan, juntos, los domingos.

Por otro lado, debemos aprender a comunicarnos de manera efectiva: Los padres debemos recordar que somos los primeros profesores de nuestros hijos y que tanto por las palabras como por nuestras acciones les estamos enseñando el mundo a su alrededor. La comunicación debe ser: empleando un tono y una voz adecuada, evitando hacer uso de gritos y de insultos, siempre teniendo en cuenta el lenguaje corporal en la misma medida que lo que se está diciendo. Ser directo: “Yo siento” o “Yo pienso”, en vez de emplear lenguaje abstracto facilitará la elaboración de un mensaje claro y comprensible para el niño. 

Clara Rubio Baudet
Psicóloga de Edu-In y maestra

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